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El Poder revela lo que Dios hace. La Presencia revela quién Él es.

Muchas veces estamos buscando la manifestación del poder de Dios. Queremos ver milagros, señales y prodigios. Somos alentados a perseverar cuando podemos presenciar otra manifestación de Su poder. Así que vamos a la iglesia con expectativa. Oramos y “velamos.” Esperando ver que Dios haga todo lo que Él ha prometido hacer. Pero, ¿pudiera ser que nos estamos quedando cortos? ¿Pudiera ser que nos hemos conformado por lo bueno en lugar de lo mejor?

Permítame explicarle. La misma palabra “manifestación” significa una expresión visible y tangible de algo que ocurrió o está sucediendo. Así que nuestra primera pista aquí es que somos motivados por lo que podemos ver. Nuestra creencia está basada más en lo que vemos que en Quién confiamos. Sí, hablamos acerca de la fe. Vivimos por ella, somos justificados por ella, y nos identificamos como “creyentes de fe”. Sí, sin duda tenemos una medida de fe. Pero si nuestra fe está siempre dependiendo en la manifestación de Su poder, hemos puesto la carreta antes del caballo El escritor de Hebreos nos dice claramente, “por fe…”. Entonces recordamos la Escritura, “de acuerdo a su fe (no a su vista)…”. Lo clásico sería, “estas señales seguirán a los que creen…”.

Así que, ¿cuál es mi punto? Si el poder revela lo que Dios hace y la presencia revela quién Él es, las manifestaciones de poder pudieran ser fácilmente atribuidas a una coincidencia, a la suerte, a pensar positivamente, y sí, aun a lo demoniaco. Pero si tenemos una relación íntima con el Creador, el Dios del Universo, el gran YO SOY, entonces no nos equivocaremos en lo que Él hace. Pablo dijo, “que yo pueda conocerle…”. Él también proclamó, “Yo sé en Quién he creído;” “Yo sé que mi Redentor vive,” “no soy yo quien vive, sino Cristo que vive en mí.”

¿Deseo ver lo milagroso? ¡Desde luego que sí! ¿Fortalece mi fe? ¡Desde luego que sí!  Pero, ¿qué se dice de aquellos que han creído sin ver? Ahí está la verdadera fe.

Las manifestaciones a la falta de ellas pueden hacer que un creyente viva en una montaña rusa virtual. El conocerle a Él, el estar en Su presencia puede darnos una constancia en nuestras emociones aun cuando no estamos viendo la respuesta deseada a nuestras peticiones. En Su presencia hay plenitud de gozo. Ese tipo de gozo no depende de las circunstancias. Es la eterna esencia sabiendo que todo estará bien.

Así que le aliento hoy a que se enfoque en Su presencia y no en Su poder. Si nosotros como líderes podemos entrar a Su presencia, lo sobreabundante de esa esencia se manifestará en un ministerio de poder. En lugar de nosotros estar esperando ver alzas temporales en nuestros servicios, que lo profundo clame a lo profundo y que los creyentes encuentren esa profunda fuente de Su presencia que los sostendrá en los momentos cuando el viento no esté soplando y cuando parece que la voz de Dios se ha apagado. Pero algunas veces al abrazo de Su presencia que indica que Él está cerca nos da más seguridad que la manifestación de Su poder que quizás era para el beneficio de otra persona y nosotros solamente éramos observadores.